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Inteligencia Emocional: Cómo Regulamos Nuestras Emociones

El estudio del cerebro emocional nos muestra cómo éste ha sido útil a lo largo de la evolución para defendernos de los peligros al proporcionarnos una capacidad de respuesta defensiva inmediata. Sin embargo, y en contrapartida, esta respuesta a menuda ha sido contraproducente (ira, odio, violencia, crímenes, guerra, ansiedad, angustia). La historia de la civilización en cierta manera es un proceso para aprender a regular las emociones. Las primeras leyes y proclamaciones éticas pueden entenderse como intentos para domesticar la vida emocional. Éste puede ser el sentido de “Los Diez Mandamientos” o del ”Código de Hamurabi” y, por extensión, del surgimiento de instituciones como el derecho o la religión.

Regular significa “ajustar, reglar o poner en orden algo”. Por ejemplo, regular el tráfico, regular el cauce de un río. Se trata de determinar las reglas o normas a las que debe ajustarse alguien o algo. Tiene una connotación de prevención; se trata de prevenir que algo malo suceda. También tiene una connotación de acción sobre algo inevitable con objeto de modificarlo en parte, pero no hay una capacidad total de decisión.

Regular las emociones consiste en realizar esfuerzos para canalizarlas a fin de que el comportamiento subsiguiente sea lo más adaptativo posible, de tal forma que en último término aumenten las posibilidades de supervivencia y bienestar. Aprender a regular nuestras emociones y a gestionar las emociones en las que los demás nos implican requiere dedicación continua.

Al analizar el concepto de emoción, su regulación consiste en poner inteligencia entre el estímulo al que hacemos frente y la respuesta que generamos. Pero esto, que es fácil de decir, no es tan fácil de realizar, ya que entre lo uno y lo otro no median más que brevísimas fracciones de segundo. La inteligencia emocional puede aportar luz al respecto.

 

Inteligencia y desarrollo emocional

La inteligencia emocional ha acaparado la atención de los investigadores y de la sociedad en general desde hace unas décadas. El punto de vista de Daniel Goleman probablemente sea el que se haya difundido más, si bien los fundamentos de otros científicos, como Salovey o Marley, son importantes. Recogiendo sus aportaciones, como los conceptos de “bienestar” y de “fluir”, proponemos el siguiente resumen.

Conciencia emocional

El principio de Sócrates “Conócete a ti mismo” nos habla de esta pieza clave de la inteligencia emocional: tener conciencia de las propias emociones, reconocer un sentimiento en el momento que ocurre. Una incapacidad en este sentido nos deja a merced de las emociones incontroladas. El conocimiento de las propias emociones nos ayuda a comprender las emociones de los demás. Todo esto es conciencia emocional. Más en detalle, ser competente en este punto consistiría en:

  • Tomar conciencia de las propias emociones: tener, así, capacidad para percibir con precisión los propios sentimientos y emociones.
  • Dar nombre a las propias emociones: habilidad, pues, para utilizar el vocabulario emocional para etiquetarlas.
  • Reconocer las emociones de los demás: fundamental la empatía, capacidad de vivir y sentir la emoción del interlocutor.
  • Comprender las emociones de los demás: o capacidad para percibir con precisión las emociones y perspectivas de los demás de manera empática.

Regular las emociones

Es la habilidad para modular los propios sentimientos y emociones a fin de que se expresen de forma adecuada. Esto es posible a partir de la toma de conciencia emocional. La capacidad para suavizar expresiones de ira, furia o irritabilidad es fundamental en las relaciones interpersonales, por poner un ejemplo. Puede ser vista esta competencia como la capacidad para manejar las emociones de forma apropiada. En concreto:

  • Saber tomar conciencia de la interacción entre emoción, cognición y conducta: los estados emocionales inciden en el comportamiento y éstos en la emoción; ambos pueden regularse por la cognición (razonamiento, conciencia).
  • La expresión emocional: capacidad para expresar las emociones adecuadamente.
  • Tener capacidad para la regulación emocional: esto incluye el autocontrol de la impulsividad y la tolerancia a la frustración para prevenir estados emocionales negativos, entre otros aspectos.
  • Disponer de habilidades de afrontamiento: habilidad para afrontar emociones negativas mediante la utilización de estrategias de autorregulación.
  • Tener competencia para autogenerar emociones positivas: capacidad para experimentar de forma voluntaria y consciente emociones positivas y disfrutar de la vida.

Autonomía emocional

Denominamos autonomía emocional a una serie de factores relacionados con el yo y la gestión de las emociones. Dentro de la autonomía personal se incluye un conjunto de características relacionadas con la autogestión personal, entre las que se encuentran la autoestima, la automotivación, la actitud positiva ante la vida, la responsabilidad o la capacidad para analizar críticamente las normas sociales. Especificando un poco más:

  • Autoestima: tener una imagen positiva, estar satisfecho y mantener buenas relaciones con uno mismo.
  • Automotivación: capacidad de automotivarse e implicarse emocionalmente en diversas actividades de la vida personal.
  • Actitud positiva: tener una actitud optimista ante la vida. Sentido constructivo del yo y de la sociedad, sentirse positivo y fuerte al afrontar los retos diarios, con intención de ser bueno, justo, caritativo y compasivo.
  • Responsabilidad: intención de implicarse en comportamientos seguros, saludables y éticos. Asumir la responsabilidad en la toma de decisiones.
  • Análisis crítico de normas sociales: capacidad para evaluar críticamente los mensajes sociales, culturales y de los mass media en relación a normas sociales y comportamientos personales.

Establecer relaciones

El arte de establecer buenas relaciones interpersonales es, en gran medida, la habilidad de manejar las propias emociones. Más en concreto, alguien será competente en este punto si puede:

  • Dominar las habilidades sociales básicas: escuchar, saludar, despedirse, dar las gracias, pedir un favor, pedir disculpas, mantener una actitud dialogante, etc.
  • Saber respetar a los demás: intención de aceptar y apreciar las diferencias y valorar los derechos de todo el mundo.
  • Practicar la comunicación receptiva: capacidad para iniciar y mantener conversaciones, expresar los propios sentimientos y pensamientos con claridad y demostrar a los demás que han sido bien comprendidos.
  • Saber compartir emociones: conciencia de que la estructura y naturaleza de las relaciones vienen definidas en parte por el grado de inmediatez emocional o sinceridad expresiva y el grado de reciprocidad o simetría en la relación.
  • Aplicar un comportamiento prosocial y de cooperación: capacidad para aguardar el propio turno, compartir en situaciones one-to-one y de grupo o mantener actitudes de amabilidad y respeto a los demás.
  • Practicar la asertividad: mantener un comportamiento equilibrado entre la agresividad y la pasividad. Esto implica la capacidad para decir “no” claramente y mantenerlo, expresando los propios derechos, opiniones y sentimientos.
  • Saber gestionar situaciones emocionales: capacidad de manejar situaciones emocionales muy presentes en los demás y que conviene por una u otra razón reconducir.

Habilidades de vida y bienestar

En este gran marco de competencia personal caben, sin duda, las capacidades para adoptar comportamientos apropiados y responsables de solución de problemas personal, familiares, profesionales y sociales. Todo ello de cara a potenciar el bienestar personal y social. Podemos señalar como competencias específicas:

  • Identificación de problemas: capacidad para identificar situaciones que requieren una solución o decisión y evaluar riesgos, barreras y recursos.
  • Fijar objetivos adaptativos: capacidad para fijar objetivos positivos y realistas.
  • Solución de conflictos: capacidad para afrontar conflictos sociales y problemas interpersonales, aportando soluciones positivas e informadas.
  • Negociación: capacidad para resolver conflictos en paz, considerando la perspectiva y los sentimientos de los demás.
  • Bienestar subjetivo: capacidad para gozar de forma consciente de bienestar subjetivo y procurar transmitirlo a las personas con las que se interactúa.
  • Fluir: capacidad para generar experiencias óptimas en la vida profesional, personal y social.

 

La discusión sobre la inteligencia emocional sigue abierta en el marco de la teoría y la investigación. Independientemente de los avances que se puedan producir, las aplicaciones que de ello se derivan van en la dirección de la existencia de unas competencias emocionales que pueden ser aprendidas. Sobre esto hay un acuerdo bastante general. En este artículo se han expuesto algunas de las aplicaciones prácticas que de esto se derivan, si bien conviene señalar que su fundamentación excede el ámbito de la propuesta que aquí se ofrece.

 

Redorta, J.; Obiols, M. y Bisquerra, R. (2006). Emociones y conflicto. Aprenda a manejar las emociones. Paidós

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