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Equipos de trabajo virtuales: Comportamientos efectivos

Equipos de trabajo virtuales: comportamientos efectivos

La actual situación que atraviesa el mundo generada por la alarma del COVID-19 ha hecho replantear a las compañías más tradicionales sus modelos y procesos de trabajo. En esta línea, y para ofrecer el mejor servicio/producto, es más necesario que nunca el trabajo en red y, en consecuencia, la gestión de equipos de trabajo virtuales.  

Cuando hablamos de equipos de trabajo virtuales, hacemos referencia a un “nuevo” tipo de equipo de trabajo compuesto por un grupo de profesionales que trabajan persiguiendo una meta común, pero cuyos miembros no se encuentran físicamente en un mismo sitio, sino que se encuentran en distintos puntos geográficos. Si bien es cierto que para la mayoría de organizaciones es algo repentino, muchas multinacionales ya habían introducido este sistema por la naturaleza de sus proyectos y colaboradores. 

El principal objetivo de este modelo de trabajo es aunar las ventajas del trabajo en equipo con los beneficios que brindan las nuevas tecnologías. Para ello, es importante que todos los miembros del grupo desarrollen una serie de comportamientos indispensables para el avance del equipo. 

 

Conocer el objetivo y los roles 

Asegurar que todos los colaboradores conocen el objetivo, sus mecanismos de consecución, plazos de entrega y seguimientos. Es clave dejarlo claro desde un buen inicio para que no haya desviaciones, haciendo recordatorios periódicos vía la herramienta de comunicación digital. Por otro lado, dejar registradas las ideas en la herramienta para que puedan ser valoradas o retomadas por otros en cualquier momento también ayuda, así como mantener una actualización recurrente de las tareas e informar de los progresos. 

 

Generar confianza vía objetivos 

Demostrar conocimiento, no desde una posición de jerarquía, sino de positivismo hacia el equipo. De la misma manera, cumplir con los compromisos acordados y reconocer las fortalezas y áreas de mejora, propias y ajenas (sinceridad y honestidad), anticipando problemas y ayudando cuando sea necesario con proactividad y colaboración. Asimismo, es importante monitorizar los progresos con un sistema de aplicación de objetivos accesible para todos los colaboradores. 

 

Participación activa 

La proactividad y las ganas de avanzar y mejorar son elementos intrínsecos para que cualquier equipo de trabajo, virtual o no, goce de buena salud. Para ello, es clave establecer relaciones personales sanas y duraderas, reduciendo la distancia emocional causada por la separación geográfica, y dotar a la comunicación de un equilibrio entre la exigencia y el compañerismo. Es recomendable preparar reuniones no demasiado largas, ajustadas a la herramienta, estructuradas y ordenadas. 

 

Priorizar los intereses del grupo 

Poseer una adecuada visión estratégica y global de la compañía, teniendo claros tanto los objetivos individuales como los de negocio. De la misma manera, tener clara la función, la dependencia jerárquica (si la hubiera) y el proceso de reporting, así como la priorizacion de tareas que más beneficien al grupo. 

 

Uso de tecnología 

La tecnología es el vehículo que nos permite, por un lado, adaptar los procesos a las nuevas necesidades y, por otro, ser más eficientes. En este sentido, es necesario escoger la herramienta más apropiada para cada caso y situación y conocerla en profundidad para sacarle el máximo provecho posible. Para integrarla en el día a día del equipo de trabajo, hay que “vender” la herramienta en busca de su homogeneización, a la vez que asegurarse que es compatible con otros sistemas presentes.  

 

La gestión, por tanto, de los equipos de trabajo virtuales es la clave principal del éxito de los proyectos. No hay que permitir que la distancia física impida que el equipo sea capaz de cumplir los objetivos trazados, autoadministrarse, automotivarse, apoyarse mutuamente para el logro de metas comunes, aceptar críticas y proponer mejoras. 

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Las 6 competencias para hacer frente a un mundo inestable

6 competencias clave

Vivimos en un mundo patas arriba, en el que la vertiginosidad a la que se producen los cambios no tiene precedentes en la historia. Aún estamos tratando de digerir la “tercera revolución industrial”, caracterizada por la digitalización y la hiperconexión, y ya escuchamos que estamos a las puertas de la cuarta, marcada por las tecnologías exponenciales como la robótica, la inteligencia artificial, la nanotecnología, la neurociencia o la biotecnología, y que impactarán drásticamente en nuestras vidas en los próximos años cambiando radicalmente las reglas de juego.

El individuo del futuro

Existen indicios de que, en un plazo relativamente breve (casi inmediato, de hecho), el conocimiento se va a comoditizar, pues estará universalmente disponible vía tutoriales, curso de todo tipo (on y offline) y plataformas de intermediación (Innocentive, Kaggle, Quora, etc.). Estas herramientas darán acceso inmediato a la “inteligencia colectiva”, una forma de inteligencia que surge de la colaboración y el concurso de muchos individuos. Por lo tanto, el conocimiento ‘per se’ no va a marcar las diferencias, sino la capacidad/habilidad que tengan los individuos para utilizarlo y adaptarse a un medio cambiante. Pero, ¿cómo será ese individuo, que no solo sobrevivirá, sino que sacará partido y sobresaldrá en un contexto hipercompetitivo y variable?

Las competencias a desarrollar

1. Curiosidad, empatía y pasión por el detalle: El individuo del futuro tendrá que ser curioso y desarrollar la habilidad de percibir aquel detalle que pasa desapercibido para la gran mayoría, pues será precisamente eso lo que marcará las diferencias a ojos del resto. ¿Por qué? La proliferación de competidores con productos o servicios muy parecidos y el fácil acceso a la información que tienen los clientes gracias a Internet (que les permite conocer de antemano las características diferenciales de cada alternativa u opción relativas a un sinfín de competidores) hacen que únicamente se decanten por aquellas opciones que creen que se ajustan a sus necesidades específicas y que les “llegan” en lo emocional. Los otrora considerados “detalles”, tales como la conveniencia, la comodidad, la estética, la interfaz, la amabilidad, etc. (la experiencia de usuario, en definitiva), tienen mucha más importancia en la toma de decisiones de los consumidores que los aspectos básicos de los productos.

Es por ello que, para comprender qué es lo que mueve al consumidor, el individuo del futuro tendrá que desarrollar su competencia para observar, escuchar y preguntar, sin prejuzgar y teniendo la mente abierta, y salir al encuentro de los clientes para ganar empatía con ellos y sus circunstancias. El objetivo es ir más allá de lo obvio y así poder tener alguna posibilidad de descubrir oportunidades donde los demás no ven nada.

2. Pensamiento lateral: El término “pensamiento lateral” fue acuñado por Edward de Bono y, aunque ya hace casi medio siglo de eso, está más vigente que nunca. El pensamiento lateral es una metodología para la resolución de problemas que usa “algoritmos” poco ortodoxos para crear espacios mentales que abren la puerta a la generación de soluciones imaginativas (disruptivas). Se trata de un método que consiste en generar lo que se conoce como una provocación o cuestionamiento que escapa de lo razonable (“¿Y si…?”), que cuestiona los supuestos básicos y que, de entrada, es un sin sentido. Sin embargo, hace las veces de disparador de nuestra imaginación y, tras su aceptación, obliga a nuestra mente lógica a buscar una “salida” (una manera) que la haga posible.

pensamiento lateral

3. Pensamiento crítico: Las ideas alternativas que se generan a través del pensamiento lateral deben ser juzgadas para asegurar su idoneidad. Hay que desarrollar pensamiento crítico para, de manera reflexiva, razonada y comprensible, poder escoger la alternativa que más nos interesa sin ser presa de las emociones y agarrándonos a los datos para sustentar nuestras ideas e hipótesis. Y hacer, además, de forma rápida, es también algo de suma importancia en un contexto en el que no se va a sobrevivir solo de “genialidades” y en el que habrá que tomar decisiones muy a menudo… y acertar.

4. Pensar con las manos: La cuarta competencia a desarrollar es la capacidad de aprender vía la implementación. Esta es una etapa central en el proceso de investigación: aprender haciendo. Se trata de hacer para poder repensar; desarrollar la habilidad y el gusto por probar las cosas que uno piensa y no quedarse únicamente en la intelectualidad. Poner las ideas en práctica nos obliga a hacer frente a temas de estructura, relación y lógica que, en general, pasarían desapercibidos si afrontásemos el desafío solo con nuestro pensamiento y la mera discusión teórica.

5. Storytelling: La quinta, aunque no menos importante, es la ciencia y el arte de imaginar, construir y contar historias que contagien. Es decir, la capacidad para explicar y persuadir para que alguien se involucre y haga algo. En un mundo hiperfragmentado no va a ser extraño que nos encontremos al frente de alguna tarea o emprendimiento. Ese papel de líder inspirador que nos puede tocar desempeñar va a ser exitoso en la medida en que sepamos comunicarnos para conseguir la involucración y el compromiso que pretendemos y necesitamos de otros. No bastará con ser buenos en algo si no somos capaces de comunicar bien y de generar entusiasmo a nuestro alrededor.

6. Espíritu de equipo: El futuro será tan complejo y tan incierta la tarea a afrontar que habrá que trabajar inevitablemente en equipo. Y ahí radican las últimas de las competencias a desarrollar: humildad, rigor y competencia para dar lo mejor en equipo. Nos guste o no, vamos a trabajar en equipo. En equipos multidisciplinares que se formarán en función de las circunstancias y se desmantelarán tan pronto la tarea haya sido completada; serán equipos “multiparadigma” que mezclarán distintas perspectivas funcionales y serán diversos en cuanto al género, cultura, experiencia vital y profesional y mentalidad de los integrantes. Éstos deberán ser personas reflexivas y orientadas a la acción, con tendencia a sentirse cómodas “practicando” pensamiento convergente y con inclinación al pensamiento divergente y la tendencia a la abstracción. Por otro lado, deberán saber manejarse bien en los espacios cortos, disfrutar del “roce”, aceptando que unas veces lideraremos y otras seremos liderados. Y eso va a ser un verdadero reto. ¿Te atreves?

Segarra, Enric. Seis competencias clave para hacer frente a un mundo ‘topsy-turvy’. Recuperado 12 de julio, 2019, de https://www.harvard-deusto.com/seis-competencias-clave-para-hacer-frente-a-un-mundo-topsy-turvy

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