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Cómo El Juego Facilita El Cambio Organizativo

Jugar y aprender son dos actividades relacionadas. Cuando jugamos, aprendemos a entender y gestionar mejor la realidad; aprendemos de nuestros errores y nos sentimos invitados a modificar nuestro comportamiento. Es precisamente cuando hay límites de espacio, tiempo o materiales, que jugar nos aporta nuevas ideas y soluciones. El hecho de jugar nos ayuda a prepararnos para el futuro y a abordar los retos a los que nos enfrentamos en nuestra vida. Aprendemos a abordar lo desconocido intentando algo nuevo.

Todos los mamíferos inteligentes juegan cuando son jóvenes. El hecho de jugar prepara a las crías para el comportamiento que deberán adoptar cuando sean adultas. Por ejemplo, los cachorros de león saltan unos encima de otros, y así empiezan a practicar para cuando vayan a cazar gacelas. Las personas también necesitan jugar para aprender y socializarse. Durante el tiempo en que los niños juegan, van desarrollando el córtex frontal del cerebro, una parte relevante para las habilidades cognitivas, como distinguir entre la información relevante e irrelevante, observar patrones, reconocer los propios sentimientos y emociones o tener la capacidad de vislumbrar el futuro.

 

El juego colaborativo

Los niños que juegan juntos desarrollan unas habilidades sociales que necesitarán más adelante en su vida y son más capaces de entablar relaciones sociales. Aprenden a respetar las necesidades de los demás y desarrollan una mayor confianza en sí mismos y en el resto de personas. Una colaboración sana implica tener en cuenta a los demás, se fundamenta en la apertura y la sinceridad con el resto y genera diversión y entusiasmo entre todos.

La diversión que supone jugar juntos aumenta cuando los participantes saben cómo crear espacios juntos y son capaces de influir en sus respectivas vidas y en su bienestar. Jugar colaborativamente puede resultar la forma más adecuada de abordar la ambigüedad y la incertidumbre en el mundo que nos rodea, algo imprescindible en los entornos organizativos actuales.

El juego colaborativo proporciona satisfacción cuando sus participantes crean un nuevo futuro juntos y pueden aprender de los demás. El juego da cabida a intentar nuevos comportamientos y a desarrollar nuevas ideas, lo que posibilita que nos liberemos de los modelos mentales y patrones de actuación más arraigados, y puede contribuir a impulsar los cambios en las organizaciones y en nuestra cultura. Percibir el cambio como un juego ayuda a las organizaciones a impulsar ideas radicalmente nuevas que pueden desarrollar nuevas formas de comportamiento organizacional. Una actitud playfulness ayuda a las personas a adaptarse con rapidez a circunstancias variables y a resolver problemas de forma creativa.

 

Fomentar la creatividad y la innovación

Jugar, aprender e innovar están indisolublemente unidos. A través del juego, aprendemos mejor cómo comprender y manejar la realidad y crear algo nuevo. ¿Cómo aplicarlo a las organizaciones?

Creatividad: la creatividad consiste en desarrollar ideas y generar perspectivas y comportamientos que puedan aplicarse a nuevas situaciones. Las personas creativas tienen pensamientos originales y muchas ideas, pero pueden cambiar rápidamente sus patrones de pensamiento y hacer nuevas combinaciones. Es curioso observar que los grandes pensadores, científicos, diseñadores y artistas, con frecuencia, consideran su actividad como un juego y adoptan una actitud curiosa y lúdica en todo lo que hacen.

Es habitual que los grupos sean más creativos que las personas, porque en ellos surgen y se combinan más ideas. Los grupos más creativos están integrados por personas de procedencias diversas, con distintos conocimientos, experiencias y habilidades. Dan espacio a las aportaciones de los demás, consideran valiosas todas las ideas, no compiten entre ellos y están muy dispuestos a actuar juntos.

Innovación: la innovación empieza sintiendo curiosidad sobre cómo funciona algo. Las personas curiosas se interesan por nuevos conceptos y experiencias, e intentan evitar aburrirse. A través de la visión del cambio como un juego de interacción estratégica, ensayan nuevas ideas y descubren qué funciona y qué no. La innovación consiste en modelar una nueva idea con un valor práctico que es adoptado por los demás. Pero, para convertir una nueva idea en una innovación, se requiere, a menudo, un gran esfuerzo. Las personas innovadoras son analíticas, persistentes y resilientes, adoptan una actitud positiva y están dispuestas a actuar de forma colaborativa.

La innovación, como paradigma cultural, es una de las claves de cualquier empresa de éxito, pues desarrolla nuevas técnicas, productos y servicios y halla soluciones a los problemas.

 

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Player types

El homo ludens (término acuñado por el historiador y teórico Johan Huizinga) es capaz de configurar su propio futuro cuando interacciona con los demás a través del juego. Las personas que juegan disfrutan de lo que están haciendo y tienen la sensación de que controlan sus escenarios de actuación, lo que les proporciona mayor agilidad en un entorno que es ambiguo e incierto.

Entender el cambio como un juego colaborativo significa que los jugadores se enfrentan a situaciones inesperadas y a momentos imprevisibles, y de esta manera crean oportunidades para su desarrollo personal, disfrutando con ello. Y es que el carácter lúdico potencia nuestra capacidad de adaptación y propicia unas relaciones sociales positivas y un mayor autoconocimiento.

En general, las personas que adoptan una actitud playfulness son más creativas, felices y sanas; y esta actitud constituye una forma de enfrentarse a la vida. De hecho, una variable de diferenciación entre las personas reside en el nivel de playfulness que adoptan en sus formas de pensar y de comportarse. Los roles que utilizan las personas para mostrar su carácter lúdico podrían catalogarse en:

  • El explorador: se siente motivado descubriendo cosas. Los exploradores amplían sus horizontes intelectuales, lo cual estimula su actitud playfulness y les lleva a ser motivo de inspiración para los demás.
  • El artista: siente placer produciendo y le gusta mostrar su creación al mundo. Su objetivo es crear algo que resulte fascinante o impresionante y que apele a la belleza.
  • El inventor: desea hallar una solución a un problema existente o crear algo nuevo que haga la vida más fácil. Juega con las ideas y con los materiales, propone nuevas combinaciones, elabora nuevos productos, observa si algo funciona y mira cómo puede mejorarse, resultar más útil o hacerse más atractivo.
  • El coleccionista: siente placer coleccionando objetos o experiencias interesantes. Los coleccionistas suelen conectar con otras personas que tengan afinidades similares a las suyas e intercambian con ellas información sobre sus hallazgos. Quieren saber cómo funcionan las cosas, se organizan y averiguan qué es lo que hace que un objeto o una experiencia resulten atractivos.
  • Los tipos activos: se sienten máximamente felices moviéndose, quieren sentir su cuerpo y explorar sus límites. Suelen crear grupos para motivarse mutuamente y no les preocupa ser los mejores, sino propiamente realizar la actividad que aporta nueva energía y permite que fluyan nuevas ideas.
  • El competidor: le gusta el juego competitivo y disfruta jugando a desafiar a los demás y ambicionando ser el mejor. Ello no consiste necesariamente en ganar o perder, sino en la dinámica que se establece entre los distintos jugadores y la diversión que comparten.
  • El director: disfruta inventando y presentando escenarios, así como realizando acciones. Los directores hacen que los demás participen en el juego y exhiben su creatividad proponiendo experiencias interesantes y reuniendo a personas con cualidades distintas.
  • El narrador: utiliza la imaginación y sabe cómo convertir los actos y emociones en una historia que nos invita a observar de un modo distinto lo que está sucediendo.

 

El componente lúdico en la actitud profesional

El componente lúdico es un rasgo común a todos los roles mencionados. Los jugadores están intrínsecamente motivados y encuentran oportunidades de juego por doquier. A través de sus actividades, siguen desarrollándose, adaptándose y mejorando. Con su actitud investigadora y lúdica, aprenden constantemente de sí mismos y del mundo que les rodea. Siempre ven la oportunidad de tomar la iniciativa y divertirse.

No obstante, parece como si las ganas de jugar, a medida que vamos creciendo, se desvanecieran. La mayoría de los adultos ven el juego como una actividad infantil y muchos directivos/líderes no adoptan una actitud lúdica porque se ven abrumados por sus responsabilidades, y creen que desempeñar el ejercicio del liderazgo debe desempeñarse bajo una actitud de seriedad.

Las experiencias de teóricos como Huizinga y Brown orientan sobre cómo convertirnos de nuevo en homo ludens y hacer espacio para la diversión, la creatividad, la innovación y el cambio. Un primer paso es recordar los juegos divertidos a los que jugábamos cuando éramos niños y la diversión que nos proporcionaban. Esta reflexión nos ayudará a resolver la cuestión de qué podemos hacer para recuperar nuestro “yo lúdico” y permitir que aflore en nuestro trabajo y en nuestra vida.

 

Conclusión

En los escenarios de complejidad e incertidumbre que exigen una ambición por el cambio creativa e innovadora, hemos de permitirnos una actitud playfulness obviando el temor a ser irresponsables e inmaduros. En un contexto organizativo dominado por la “explotación”, improvisar aplicando métodos de trabajo lúdicos, ensayar cosas nuevas y analizar sus efectos nos permitirá balancearnos hacia la “exploración”.

Es precisamente en este juego colaborativo donde podemos conformar el cambio y la innovación en un mundo tan ambiguo y dinámico.

 

 

Boonstra, J.& Loscos, F. (2021, marzo). Cambio organizativo: juego, colaboración y diversión  | Harvard Deusto Business Review. Recuperado 13 marzo, 2021, de https://www.harvard-deusto.com/cambio-organizativo-juego-colaboracion-y-diversion

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