La marca personal: sé diferente

La marca personal: sé diferente

Las marcas y el marketing ya no se limitan a comunicar los beneficios de determinados productos o servicios. Hoy miramos el mundo con ojos de consumidores: asociamos lugares, personas y cosas con determinados valores, en función de los cuales decidimos si nos interesan o no. De este modo, nos formamos una imagen del otro. La marca personal es la manera de clarificar y comunicar aquello que nos hace diferentes y especiales, y de emplear esas cualidades para guiar nuestra carrera o tomar nuestras decisiones estratégicas. Se trata de comprender cuáles son los atributos (fortalezas, habilidades, valores y pasiones) que nos hacen únicos y de emplearlos para diferenciarnos de nuestros competidores y de nuestros iguales. En este sentido, la marca personal consiste en comunicar de modo claro la propuesta de valor única que ofrecemos a nuestra empresa, nuestros clientes y a la sociedad en general.

La construcción de una marca personal coherente pasa por fijarse un objetivo (qué quiero conseguir con ello ahora), tener un espacio profesional propio en el que mostrar quién eres, qué habilidades tienes, cuáles son tus intereses, qué trayectoria profesional te avala, qué proyectos has llevado a cabo y cuáles estás realizando actualmente, qué tipo de contenido te gusta generar y compartes, etc. Este espacio online que lleva tu nombre y apellidos centraliza tus canales, redes sociales como Twitter o LinkedIn y tus datos de contacto, facilitando así que otras personas te encuentren y sepan todo aquello que tú consideres de utilidad para tu desarrollo profesional. En particular, la creación de una marca personal es un proceso que sigue las siguientes etapas lógicas:

1. Definir qué entendemos por nuestra “marca personal”: establecer qué valores nos singularizan.

2.   Fijar los objetivos personales que deseamos lograr a través de nuestra marca.

3.   Establecer cuál es nuestro público objetivo.

4. Posicionar: conocer cuál es nuestra reputación actual y planificar las acciones para adecuarla a nuestros valores y objetivos.

5.   Comunicar: transmitir nuestra propuesta a nuestro público objetivo.

6. Revisar: las situaciones cambian; nosotros evolucionamos. Debemos reajustar periódicamente nuestra “comunicación personal”.

Marca personal

Marca personal e identidad digital

La identidad es el conjunto de rasgos que nos caracteriza y, a la vez, la conciencia que tenemos de nuestra propia individualidad, es decir, de ese conjunto de rasgos específicos que nos hacen seres singulares. Identidad es ser quienes somos y saberlo.

A medida que nuestras vidas se desarrollan cada vez más online, nuestra identidad digital es cada vez más relevante en la construcción de la marca personal. Esta identidad en la red se basa en la interacción y se retroalimenta de la reacción que ésta genera en otros usuarios. Partiendo de esta premisa, si queremos que nuestra identidad digital refuerce nuestra marca personal, debemos tener presente que la identidad digital debe alinearse con nuestros valores y objetivos profesionales. Nuestras interacciones online no son accidentes casuales, sino que nos definen tanto o más que la ropa que llevamos puesta.

Actualmente, uno de los perfiles más demandados es el de community manager, responsable de gestionar la presencia online de la empresa y su participación en las redes sociales, con el fin de optimizar su visibilidad y cuidar su reputación. Teniendo en cuenta que los profesionales deben ser visibles, que la reputación es su principal activo y que la mayoría están presentes ya en las redes sociales, llega el momento de convencernos de que, de hecho, hoy en día cada uno de nosotros es su propio community manager. Esto comporta una serie de decisiones: ¿Ante quién debemos ser visibles? ¿Para qué (objetivos)? ¿Cómo podemos aportar valor? ¿En qué plataformas estamos presentes y cómo? ¿Cómo vamos a gestionar el tema de la privacidad? ¿Cómo configuramos, en definitiva, nuestra identidad digital?

Visibilidad

Vivimos en la era de la visibilidad. Por un lado, necesitamos ser visibles para ser tenidos en cuenta. Por otro, la tecnología digital democratiza el acceso a la visibilidad. En medio, nosotros. Los profesionales y las marcas por igual necesitamos significarnos en un entorno saturado de mensajes. No importa el sector en que nos movamos: la cacofonía es ensordecedora (hay tanta oferta, tantos mensajes, tantos debates). Lo sabemos y buscamos el modo de hacernos notar.

En nuestra ayuda acuden las tecnologías y plataformas digitales que permiten emitir el propio mensaje. Sin embargo, todavía no ha calado la noción de que la visibilidad por sí misma no aporta valor. Se trata de que nos vean aquellas personas a las cuales nuestro mensaje puede resultar de interés, porque es relevante o pertinente para ellas. Por tanto, todo ejercicio de visibilidad empieza con la pregunta: “¿A quién me dirijo?”. Esta pregunta requiere un análisis previo de la propia oferta y de la demanda donde puede encajar, seguido de una estrategia para llegar a ese público concreto. Ambos ejercicios consumen recursos y demasiado a menudo se dejan de lado en favor de una comunicación masiva, no discriminada, que se limita únicamente a añadir ruido. Nadie lo es todo para todo el mundo. Se acabaron las audiencias masivas: en un contexto de hiperfragmentación digital, disparar a todo lo que se mueve no sirve, sencillamente, para nada.

Relevancia

Relevancia es la palabra clave en el proceso. Estamos saturados y vivimos en un entorno desbordante de mensajes de distinto calado. Por eso importa seleccionar tanto los canales como los mensajes, de forma que seamos percibidos con nitidez por nuestro público objetivo.

Debemos proponernos la visibilidad, cierto, pero una visibilidad relevante: debemos ser visibles ante quienes nos interesan y transmitir los mensajes adecuados. Es importante no molestar al resto: no agregar ruido innecesario. Para conseguirlo, una cuestión clave en nuestra vida digital es: ¿Lo que digo y hago en esta interacción es relevante para las personas que me escuchan? ¿Les aporta valor? Por supuesto, también es válida la pregunta contraria: ¿Lo que recibo de estas interacciones es relevante para mí? Debemos empezar a proteger la capacidad de atención, empezando por la nuestra.

PeopleArt Consulting

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