La gestión de las emociones negativas en el trabajo

La gestión de las emociones negativas en el trabajo

Es imposible impedir que las emociones negativas puedan existir en el lugar de trabajo. Sin embargo, en muchos son obviadas; en otros, son un tema tabú. Desafortunadamente, ninguna de esas estrategias resulta efectiva.

Los directivos y ejecutivos hábiles aprenden enseguida a cultivar las emociones amables en el trabajo. Los consejos prácticos y muchas investigaciones ponen de relieve los beneficios de fomentar la positividad en el lugar de trabajo. Así, lo habitual es orientarse a las emociones positivas. Pero existen motivos para que haya emociones negativas, desde la erosión del contrato de trabajo implícito entre jefe y empleados hasta exigencias desbordantes para lograr más con menos. Hoy en día es necesario tener presente tanto las emociones positivas como las negativas para que los individuos y las organizaciones funcionen de manera efectiva a largo plazo. Resulta que las emociones negativas no solo señalan los obstáculos, sino que también abren la puerta a nuevas oportunidades.

A corto plazo, ignorar o suprimir las emociones negativas es más fácil que afrontarlas. Sin embargo, investigaciones recientes han demostrado que infravalorar o apartar las emociones las emociones negativas puede costar a las organizaciones millones de euros en productividad perdida, desvinculación y efectividad que se evapora. Y es que, cuando se pasan por alto, con el tiempo se da un aumento de los conflictos, resentimientos e insatisfacción de los empleados. Cuando se permite que las emociones negativas cuajen, la predisposición fisiológica puede hacer que los compañeros imiten los movimientos, posturas y expresiones faciales de quienes se sienten mal. Esta transmisión inconsciente de las emociones negativas puede perjudicar la productividad y la colaboración.

De esta manera, los beneficios de ocuparse de las emociones negativas pueden ser significativos. Ocuparse de las emociones negativas sin demora puede atajar las turbulencias interpersonales y mantener intactos el compromiso, la satisfacción y la productividad. Además, quienes tienen la iniciativa de ocuparse de estos problemas, a menudo, gozan de la satisfacción personal de haber ayudado a los demás. Pero ¿cómo implicarse? Cuando los empleados afrontan momentos difíciles, es de esperar que haya emociones negativas. Hablar con ellos y averiguar qué es lo que necesitan, transmitir la confianza y optimismo relativos a su capacidad o buscar maneras de ofrecerles apoyo puede ayudar a mejorar la capacidad de un empleado de rehacerse.

Gestión Emociones Negativas

Principalmente, las emociones negativas más comunes en el lugar de trabajo son la ira, el miedo y la tristeza. Saber más acerca de estas emociones concretas puede aumentar la capacidad para gestionarlas y dar la confianza necesaria para actuar de forma efectiva.

Ira

Tal vez sea la emoción más prevalente en el trabajo. Sin duda, es la que resulta más aceptable. Trabajar rodeado de personas enfadadas es demoledor: desgasta a la gente, merma su motivación e inhibe sus capacidades cognitivas. Cuando los individuos responden a la ira, su química cerebral puede provocar dificultades para comunicarse eficazmente o pensar con claridad. Desafortunadamente, esta pérdida de rendimiento puede reforzar la percepción de los empleados enfadados de que están en lo cierto, aumentar su confianza y reforzar su uso de la ira.

Cuando hay ira en el ambiente, es de esperar que aflore el propio enfado o miedo. De esta manera, es necesario hacer lo que se pueda para calmarse y calmar el ambiente. Permanecer callado, escuchar atentamente y proyectar un ambiente neutral hablando de manera tranquila, pausada y clara sin ser condescendiente. El objetivo es contener las propias emociones negativas. En definitiva, hay que crear un ambiente donde los empleados enfadados tengan claro el coste personal que comporta el no trabajar para los objetivos del equipo. En esta línea, hay que ayudarlos a plantearse e iniciar pensamientos y acciones orientados al futuro en un entorno dirigido a buscar soluciones, en vez de quedarse atrapado en lo negativo.

Miedo

Las crisis organizacionales graves, unos resultados trimestrales horribles o incluso comentarios desafortunados de alguien en un puesto de responsabilidad pueden desencadenar una reacción de miedo en el lugar de trabajo. Sin embargo, la prevalencia y solidez de la norma del empleo puede hacer que los empleados sean muy reticentes a admitir que tienen miedo. De esta manera, es esencial tratar el miedo en el trabajo, porque esta emoción negativa tiene grandes consecuencias.

Dado que es poco probable que los individuos informen a sus superiores del miedo que sufren, recae sobre los ejecutivos a tarea de afrontar este frecuente problema. Sin embargo, hay ejecutivos que optan por ignorar el problema que supone un empleado asustado, o incluso niegan o minimizan la situación que causó ese temor. Otros, tal vez reconozcan la causa, pero dejarán la tarea de afrontarlo en manos de la persona que lo padece a pesar del enorme coste que conlleva.

La acción es un antídoto poderoso para el miedo. Ser franco y tranquilizar sin dejar de ser realista manda la señal de que hay alguien al timón, lo que puede ser de ayuda para los empleados asustados. Para evitar que el miedo se desboque, se debe ser honesto y directo acerca de las dificultades, a la vez transmitir entusiasmo auténtico sobre las oportunidades y beneficios reales que puede albergar el futuro.

Tristeza

La tristeza puede ser la emoción peor acogida en el trabajo. Trabajar con personas tristes destruye el entusiasmo, merma la productividad y entorpece el espíritu de equipo. Los empleados tristes presentan niveles de energía bajos y pierden el interés en aquello que antaño les había motivado.

Al tratar con empleados tristes, hay que resistir el impulso de exhortarlos a alegrarse o de darles consejos sobre cómo afrontar la tristeza. Cuando se produce una pérdida dramática, un enfoque práctico por parte de los directivos puede contribuir a hacerlo más llevadero, ayudándole a que pueda dar temporalmente menos prioridad al trabajo para que pueda concentrarse en afrontar su proceso de duelo. El apoyo de los líderes empresariales en un momento difícil puede tener un gran impacto en la moral de un empleado.

 

Cuando se reconocen abiertamente las emociones negativas, los empleados aprenden a anticipar e interpretar las reacciones de sus compañeros a las circunstancias difíciles de forma más astuta. Esta mejora permite que se responda apropiadamente a las situaciones difíciles en fases más tempranas, cosa que hace que los ajustes sean más fáciles, más efectivos y menos caros. Así, quienes respondan de forma efectiva a las emociones negativas destacarán, gestionando sus propias reacciones al estrés, afrontando las emociones negativas ajenas de forma sensible y efectiva y afrontando la realidad.

PeopleArt Consulting

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *